La vida da muchas vueltas. Demasiadas. Hoy puedes estar en América y mañana en el Cairo. He perdido el rumbo.
Recuerdo tardes de otoño apoyada en el poyete de mi ventana viendo como las hojas caían, comparándome con ellas al ver que abandonaban su vida y que yo algún día también lo haría cuando mi hora estuviese próxima, aunque en ese momento hubiese deseado provocarlo.
Recuerdo meses pasando, yo rota por dentro, envuelta por la agonía del dolor y la tristeza, recuerdo hundirme y no poder ni querer siquiera intentar salir del pozo fondo. Recuerdo desear morir e incluso tratar de conseguirlo. Recuerdo tentar a la suerte con los vicios típicos de un callejero.
En aquellos momentos no me importaba nada.
Recuerdo ver llegar el invierno y con él una ráfaga de sueños que me llenó el alma de nuevo, un ángel dispuesto a cuidarme y quitarme la sentencia a la que yo misma me había condenado. En mi memoria se mantiene firme un febrero frío, caliente para el corazón. El mejor febrero de esta maldita vida.
No he vuelto al poyete de mi ventana ni me interesan mucho ya los árboles pero… Aun ser verano…
… siento otro otoño cerca.

Ah de los otoños... Siempre con ese aire de melancolía...
ResponEliminaBeshos!
Oh! que profundo, sices las cosas tan sutilmente, como en susurros. Me ha encantado este texo, los otoños siempre son asi, melancolicos, marrones..
ResponEliminabesos querida Liza, espero tu texto pronto!
(L)