No quiero ser esa canción que te atraviese el alma. Esa melodía que te rompa la cabeza.
Me sudan los cojones de este tema. Me marcho a morir.
Y si mañana me buscas -ojalá me busques, quizás así pueda creer que te importé un poco- te encontrarás con mi ausencia y mis últimas palabras, correspondencias del más allá que deberán ser quemadas con fuego. Consumidos en cenizas quedarán los recuerdos de ayer.
¿Qué me echas de menos? ¿Lo debo creer?
¿Debería
volver
para
hacerme
daño?
Dime quien eres, quien somos, quien fui. Porque no me quedan más años ya en esta vida. ¿Por qué te quise tanto y te me escapaste entre los dedos como un viento de enero?, demasiado frío, demasiado travieso como para cazarlo.
Dulcinea, princesa de todas las fulanas, reina de la aberración, ¿dónde te me has ido, corazón?
Y que mañana me despierte el mismo humo del tabaco que consumí sin mucha precaución la anterior noche.
El sonido de un coche, la luz de tu mirada, el recuerdo de besarte a la luz del alba.
Aquella sonrisa, el brillo de tus ojos, el carmesí de tu boca, tus labios rojos…

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