Creo que empiezo a no querer a mi hermano. Si, lo sé, es triste. Él, mi acompañante en mil viajes; él, mi compañero de juegos; él, aquel que me protegió cuando yo era demasiado pequeña para hacerlo por mi sola; él, aquel que me mostró vida y diversión. Él, éramos tan solo él y yo, los dos, y puedo asegurar que, aunque no como dos amantes lo hacen, lo amé a mi manera. Amé sus ojos verdes, amé su expresión, amé sus palabras sabias y sus enseñanzas. Todo aquello que amé ahora lo odio, mi hermandad se ha transformado en venganza y no sé a que achacar este hecho, esta metamorfosis inentendible de sentimientos.
Él pasa los dedos por sus cabellos castaños, se reúne con mi madre en la cocina y las lágrimas luchan por saltar fuera de las cuencas, pero no, es fuerte y resiste. Comenta que cree que ya no le quiero y luego se hace un silencio sepulcral.
Lo triste es que tiene razón…
… y todos lo sabemos.

:O, mmm pero debe haber alguna razón, para tales sentimientos, tal vez sea algo pasajero. Lo importante es que hables con él, para explicarselo. Siempre igual, odio que escribas mejor que yo. Te odio(L)
ResponEliminahahah besoss!
tu amada Mich.
A veces pasa, a mi me pasó con mi hermana mayor, como no vivimos en la misma ciudad, no hablamos hace meses porque hasta la tengo bloqueada en el msn.
ResponEliminaSaludos.