divendres, 24 de juliol del 2009

Everybody have an end.

Las lágrimas se escurrían de mis ojos como si estuviesen huyendo de algo, fue entonces cuando con esa comparación entendí que realmente lo hacían. Huían de la pena.
Aferré el papel contra mi pecho y sollocé, más fuerte cada vez, mientras las letras de la carta se desprendían de su tinta haciendo, de un mensaje, borrones negros sin más. La misma negrura que residía en mi corazón.
¿Qué hacer ahora si la realidad era la pena y la pena mi locura y mi condena? ¿Qué hacer ahora si aferrarme a un rosario ya no valía el esfuerzo? ¿Me ayudaría Dios ahora? Había pasado años y años rezando a un ser que no existía con la vana esperanza de salvar
su alma, pero todo estaba ya perdido. Nuestra historia se había consumido en la vida como el humo del tabaco lo hace en el aire.
Me reconforté, quizás, pensando que su alma vagaba ahora por pasillos llenos de transeúntes amables que se sacaban el sombrero a tu pasar, doncellas que se dejaban besar las manos y se ruborizaban al sentir un poema de Bécquer. Posiblemente allí la necesidad de comer no fuera tan necesaria y la pobreza que aquí nosotros teníamos no la tendría él allí. Sonreí, él siempre había sido un pillo, deseé tener alguna forma de verle actuar en ese nuevo mundo externo y saber si también seguiría siendo un aficionado al alcohol, el juego y a las mujeres; posiblemente sí.

2 comentaris:

  1. Huían de la pena"

    Intenso... Me encantó esa frase...

    Beshos!

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  2. :) bueno al menos hora no solo me tienes a mi como fan incondicional! hahahaha
    Pues si es que todo lo que escribes es entragado e intenso. Siempre quedan los recuerdos que encerramos en el corazon, para que el dolor no se apodere de ellos. El dolor se va por las lágrimas, como bien dices. Muchos besos Liza.

    :)
    (L)

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